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fundacion de Córdoba :: 436 aniversario

La Fundación de Córdoba: fruto de una desobediencia genial

Por ROLANDO VILLAGRA

Jerónimo Luis de Cabrera había recibido órdenes del virrey del Perú de fundar un pueblo en el valle de Salta. Cautivado por las maravillas naturales y la benevolencia de los indígenas de esta zona, decidió torcer el destino y fundar una población donde hoy se erige el barrio Yapeyú.

(Córdoba - 06/07/2009) Cuando el 20 de setiembre de 1571, don Francisco de Toledo, virrey del Perú, designó a don Jerónimo Luis de Cabrera “Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor de todas las dichas provincias del Tucumán, Juries y Diaguitas”, jamás pensó que el nuevo funcionario iba a modificar sus precisas instrucciones de “fundar un pueblo en el valle de Salta, para que de estos reinos del Perú se pueda entrar a las dichas provincias sin el riesgo y peligro que hasta aquí había y de ellas salir a estos reinos a contratar y mercadear”. Con esos fines y con estas precisas consignas , el virrey dispuso se armara la expedición en La Plata (Chuquisaca), donde luego viajara Cabrera, su esposa e hijos hacia Santiago del Estero, lugar donde se radicaría en forma definitiva y tomaría posesión de sus nuevas funciones en fecha 17 de julio de 1572.

Apenas instalado el nuevo gobernador y capitán general modificó o prefirió no cumplir con las órdenes recibidas. Bajo el conjuro de una inspiración genial, estando a su vez facultado para poblar los territorios a su cargo, dispuso explorar tierras desconocidas del sur del país, en la búsqueda de encontrar una ansiada salida al Atlántico. Esta constituía la “base fundamental para que los productos del Perú pudieran ser trasladados con posibilidad de hacer buen negocio” (véase Bischoff “Historia de Córdoba” t. I, pág. 54).

Para ello, inmediatamente comisionó a su leal hombre de confianza don Lorenzo Suárez de Figueroa que fuera teniente de gobernador- para que con 48 hombres visitara la tierra de los pobladores indígenas, representados en ese caso por los comechingones –que predominaban en el oeste-; por los sanavirones, que poblaban el nordeste, y además de los pampas cuyos asentamientos se manifestaban en la plena llanura. Esta expedición se hizo a principios de 1573.

Y las maravillas que encontraron a su paso tanto Suárez Figueroa como sus hombres, no solamente con relación a la belleza de los paisajes serranos sino también en lo que hace a la fecundidad del suelo que exploraban, a lo que había que agregar la flora, la fauna y el carácter pacífico de sus indígenas, hizo nacer inmediatamente en la mente de Cabrera su decisión y el propósito de no demorar dicha excursión, es decir, viajar lo antes posible a dichos lugares, con el objeto de crear o fundar una nueva población. La que allí instalada pudiera aprovechar la navegación de ríos caudalosos que presumiblemente desembocaban en el ansiado mar Atlántico, una meta soñada por el gobernador.

Fue así como Cabrera dispuso inmediatamente marchar a las referidas regiones, acompañado con un poco más de cien hombres, sin mujeres, provenientes tanto de Santiago del Estero, como de San Miguel de Tucumán e incluso de vecinos del Perú, junto a cuarenta carretas que portaban instrumentos de labranzas, vituallas y otros pertrechos, además de disponer los arreos de vacas, caballos, cabras y otros animales (véase Bischoff, op, cit. pág 54).

No se conoce con exactitud cuál fue la ruta o camino recorrido por Cabrera y sus acompañantes. Bischoff (op. cit. pág. 55) se inclina por la señalada, con abundante documentación, por el teniente coronel ingeniero Aníbal Montes, es decir, que la expedición partió de Santiago del Estero, siguió el curso del Río Dulce, torció hacia el oeste pasando por lugares cercanos a la hoy Ojo de Agua, penetrando por allí a la actual provincia de Córdoba, en la región de San Francisco del Chañar. Siguió luego hacia Toco Toco (Cruz del Eje), luego por tierras de Ischilín y por el valle de Punilla, transitando por Quisquisacate Grande (Cosquín) y alcanzando al final Quisquisacate Chico, que era el sitio buscado y en donde hoy se levanta la ciudad de Córdoba.


La Fundación

El arribo de Cabrera y sus acompañantes, al lugar donde se emplazaría nuestra ciudad Capital, se produjo el 24 de junio de 1573, fecha que en el santoral cristiano estaba reservado a San Juan. Por eso bautizó con ese nombre al río que los aborígenes llamaban Suquía.

Luego recorrió la región y eligió el lugar donde se realizaría la ceremonia fundacional y se erigiría el primitivo fuerte, correspondiendo éste a los terrenos ubicados en la intersección de Avenida de los Fundadores, calle España y acceso a la Costanera, en lo que hoy constituye el barrio Yapeyú.

El lugar elegido conformaban en ese entonces barrancas del río bautizado como San Juan. La fundación se llevó a cabo el día 6 de julio de 1573, con una solemne ceremonia a cargo de Jerónimo Luis de Cabrera, secundado por sus hombres, en presencia del escribano de Su Majestad don Francisco de Torres y ante numerosos y asombrados aborígenes. Luego Cabrera dio unas espadadas sobre un árbol, sin las ramas y con tres gajos, como símbolo de autoridad y dejó el rollo o picota como señal de justicia.

Es sabido que más tarde Córdoba se trasladaría a la otra banda y en el valle, para proveerse del agua del río, configurando así la traza definitiva de esta gran ciudad.

Todos los historiadores
coinciden que el nombre de “Córdoba” constituyó un homenaje de Cabrera a la familia de su esposa doña Luisa Martel que era de la Córdoba andaluza.


Palabras finales

Hemos dicho, al encabezar esta nota, que la fundación de Córdoba fue fruto de una de-
sobediencia genial; desobediencia que, luego de consolidada con el transcurso del tiempo, superó ampliamente las aspiraciones y los primitivos propósitos de sus fundadores, constituyéndose así en el paso obligado de todas las caravanas con destino al Paraná y, por ende, al Atlántico.

Por eso, el entonces presidente de la Junta Provincial de Historia, don Ignacio Tejerina Carreras, en el año 1985, la tituló como “Córdoba: el Milagro de la Desobediencia”, aludiendo no sólo al hecho histórico de su fundación y la
inauguración, unos días más tarde, del puerto de San Luis de Córdoba, en el punto donde el Carcañará volcaba sus aguas al Paraná, sino a que esa desobediencia inicial de Cabrera hacia las órdenes del Virrey “creó -en los cordobeses- una aureola de carácter fuerte, indomable y rebelde, una rebeldía que se dio en todas las épocas y con todos los matices”…
Así se sucedieron -agrega- “las revueltas en contra de la gobernación hispánica en el último tercio del siglo XVIII, la contrarrevolución de Mayo de 1810, Juan Bautista Bustos y su federalismo doctrinario; la Reforma Universitaria de 1918, su protagonismo en la Revolución de 1955 y el Cordobazo de 1969”.

Es sabido que Cabrera , víctima de las intrigas de su sucesor, es ajusticiado y muerto en el garrote vil, antes de que sus creaciones en estas tierras llegaran al primer año de vida.

“Cuando aflojaron. las ligaduras -dice Bischoff (op. cit. pág. 63)-, don Jerónimo Luis de Cabrera debió deslizarse hasta el suelo húmedo de sangre y lágrimas. Sus ojos habrán quedado abiertos, como buscando con avidez la luz que entraba por un estrecho ventanuco de la prisión, queriendo volver de nuevo a la vida para vengar agravios. Pero una mano piadosa y anónima cerró sus párpados. Comenzaba así su verdadera eternidad… que traduciría su gran gloria como también la malsana pasión de sus adversarios.

 

Fuente: LA MAÑANA DE CORDOBA

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