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Jueves, 13 de Diciembre de 2018

El pueblo de Amaná se resiste a desaparecer

Los paneles solares cargan las viejas baterías del único teléfono semipúblico en Amaná, que no funciona desde hace cerca de 4 meses.

(La Rioja - 26/05/2009) La peligrosa desaparición de los pueblos en Argentina, tiene en Amaná uno de sus más claros ejemplos. Las miles de falencias provocan que su gente buscara otros horizontes y que sólo trescientos habitantes resistan ante semejante abandono. EL INDEPENDIENTE recorrió sus calles para reflejar el triste panorama.

INDEPENDENCIA (Enviados especiales) -Los pobladores de Amaná, aferrados a sus raíces, se resisten a desaparecer del paisaje riojano y a pesar que sufren actualmente la peor de las postergaciones de su historia. El retraso va de la mano de las últimas gestiones de la intendencia de Patquía, de la que depende Amaná, que ignora por completo la existencia de los alrededor de 300 habitantes, abandonó obras comenzadas en el pueblo desde hace alrededor de 15 años y permitió el cierre de la Comisaría, dejando al pueblo incomunicado por radiofrecuencia, ya que desde hace tres meses no cuentan con el servicio telefónico de Telecom.

Denominada "Amanao" en sus comienzos, Amaná es una de los poblados más antiguos de La Rioja, con más de 400 años de existencia es la segunda localidad del departamento Independencia. Está ubicada a 77 kilómetros de Patquía por la ruta provincial 74 y su paisaje colinda y se entremezcla con los rojos del Talampaya, La Torre y el Valle de la Luna.

La mayoría de sus pobladores, que por razones de trabajo o estudio de sus hijos, no viven en Amaná durante el año, cansados de las promesas de los políticos convocaron a EL INDEPENDIENTE para denunciar el abandono total de las autoridades que “sólo se hacen presentes para hacer más promesas”.

Ya no recuerdan la infinidad de reclamos y notas presentadas ante el actual intendente Juan de Dios Herrera, para que se culmine la obra de agua, abandonada hace más de diez años, cuando sólo restaban un par de kilómetros para su conclusión, lo que permitiría que los vecinos tengan agua durante toda la jornada y no por turnos, como sucede actualmente.

También se reclama por el servicio de energía eléctrica que los pobladores tienen en dos turnos diarios, de 10 a 12 hs. y de 18 a 24 a través de un generador propio, y por el servicio telefónico a través de una única cabina perteneciente a la empresa Telecom, y que no funciona desde hace cerca de cuatro meses. Pero uno de los reclamos más antiguos tiene que ver con el tramo de 17 kilómetros de tierra que une al pueblo con la ruta 74 y que según aseguraron los lugareños, “la anterior intendenta y actual diputada provincial, Camila Herrera, recibió el dinero para el asfaltado que nunca realizó”.

Al respecto, los lugareños han realizado pedidos a las empresas de transporte que circulan por la zona desde hace tres años, para que su recorrido entre al pueblo, obteniendo la negativa respuesta de los mismos debido al mal estado del camino, plagado de serruchos y pozos, agravando aún más la incomunicación y postergación del pueblo. También permanece cerrado el Registro Civil y la Sala de Primeros Auxilios es atendida por dos enfermeras que viven en Amaná. Sólo una o dos veces al mes reciben la visita de un médico de Patquía, que no deja medicación para que las enfermeras asistan en su ausencia, “las enfermeras, sin medicamentos, no pueden hacer nada en caso de emergencia”, dijeron los vecinos. De más está decir que el Correo Postal tampoco ingresa al pueblo.

Pero el hecho que colmó la paciencia de los lugareños fue el reciente cierre del destacamento policial de Amaná, desde hace ya casi tres meses, y que los pobladores necesitan, sobre todo para trámites administrativos. “A través del destacamento tramitamos certificados o visamos los animales para poder venderlos. Desapareció el agente que venía y cuando se hicieron los reclamos, nos contestaron que no hay personal policial para mandar acá, esa fue la última respuesta que hubo”. A la ausencia policial, se suma la falta del aparato de radiofrecuencia que se venía utilizando para las comunicaciones en casos de suma urgencia.

¿CóMO ERA ANTES AMANá?

“Era mejor que ahora, antes la gente vivía unicamente de los trabajos de la mina, y de los animales. No teníamos los medios que tenemos ahora, pero es muy triste ver cómo retrocedimos. Por ejemplo el comisario nunca faltó en el pueblo y la gente buscaba sus medios de vivir, estábamos acostumbrados a que ingrese el colectivo y hoy es muy triste ver lo que está pasando en nuestro pueblo. Antes teníamos la mina que nos proveía más medios de transporte, que la gente usaba”.

En Amaná parte de sus pobladores viven de sus jubilaciones y otros son empleados del municipio, y los menos... trabajan en una mina cercana o viven de la cría y venta de sus animales.

La postergación comenzó con el cierre de la empresa Basalo que se ubicó en la zona, dando trabajo a 120 personas aproximadamente, que se dedicaba a la extracción de minerales, entre los años 1989 y 1992. “En esos tiempos, la zona tenía más vida y hoy se nota el abandono. Pero las cosas que reclamamos son cosas que ya teníamos y que hoy queremos recuperarlas. Nosotros no recordamos que jamás haya estado cerrado el destacamento policial dejándonos sin una autoridad y sin la radio para pedir auxilio”.

ASISTENCIA MUNICIPAL, BIEN GRACIAS…

A pesar de ser la segunda localidad del departamento Independencia, Amaná no recibió la visita de ningún gobernador, intendente, concejal o diputado en la última década. “El actual intendente Herrera, que asumió hace alrededor de dos años, no aporta a esta localidad ningún tipo de asistencia. El intendente, desde que asumió, nunca vino a hacer una reunión con el pueblo, sí recordamos que vino a un asado, pero nunca vino a preguntarnos cómo estábamos. Tenemos un delegado municipal que lleva las notas de reclamo, pero no tienen oídos para nosotros”.

Fuimos todos a quejarnos en el municipio de Patquía por el teléfono que no funciona, por la falta de Policía, por el transporte, pero nos toman nota y al día siguiente nadie sabe nada, así que nuestras notas las tirarán a la basura. Notas firmadas por todos los vecinos, hemos hecho montones. Además, cada vez que pedimos hablar con el indentende, nunca está, siempre está en la capital”.

“Eso sí, les pagamos al municipio todos los meses los impuestos por alumbrado público, rentas, inmobiliario y luz, que tenemos algunas horas”.

“De parte de las autoridades ahora directamente ni nos escuchan, no nos tienen en cuenta para nada, por eso empezamos a golpear otras puertas, porque estamos convencidos que lo que pedimos son necesidades básicas que no tenemos”.

Fuente: EL INDEPENDIENTE

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